jueves, 13 de agosto de 2009

Viaje a la cueva del lobo



La advertencia fue directa: No vengan, aquí no quieren a los sinaloenses; a ustedes también los pueden levantar, los pueden matar.
La voz fue la de un policía ministerial de Tamaulipas.
Ellos cerraron sus oídos, tomaron un camión rumbo a Nuevo Laredo, territorio fronterizo marcado con la última letra del abecedario.
Qué sentimiento hace que esposas, padres e hijos dejen su trabajo, el resto de su familia y viajen por dos semanas a la "cueva del lobo". Al territorio Zeta, considerado uno de los carteles de la droga y tráfico más sangrientos del país.
Qué tanta angustia, desesperación, impotencia, necesita acumularse en alguien para llegar al sitio donde hombres de negro, con vehículos más negros y armas con intenciones aún más negras, secuestraron a sus parientes.
Nuevo Laredo, 20 de junio. Un grupo armado levanta a nueve pobladores de Guasave, Sinaloa, que viajaron a instalar antenas de celular para la compañía Nextel, según información de familiares. Los individuos permanecían en un departamento afuera del centro de la ciudad. Han pasado 54 días sin que se dé con su paradero. Se desconoce si están vivos o muertos.
Los 19 familiares salieron el 17 de julio de Guasave, Sinaloa. De éstos, 11 volvieron el 3 de agosto; el resto regresó antes a su tierra.
Tomaron un autobús en la central camionera rumbo a Guadalajara para después viajar a Nuevo Laredo. No había ruta más corta. En Jalisco carecían de salidas en el día. Esperaron hasta la noche. En total tardaron 3 días en llegar. Por todo el recorrido, incluyendo la visita a la Ciudad de México, recorrieron 3 mil 332 kilómetros.
La Procuraduría de Justicia de Sinaloa solicitó al Ministerio Público de Tamaulipas apoyo. Los familiares temían por su seguridad. Las esposas de los hermanos Carlos y Ricardo Peña Mejía acudieron días antes que el grupo a buscar a sus maridos.
Preguntaron a vecinos, a autoridades, a quien pudieron. Lo único que lograron, según le contaron a Ramona Gómez Soto, esposa de José Hugo Camacho Fierro, quien acudió al viaje de par de semanas, es constatar que un grupo armado levantó a su marido y, al día siguiente, se llevaron las tres camionetas que utilizaban.
"A las esposas que habían ido les dijeron que no fuéramos más personas porque era peligroso, porque a lo mejor también nos levantaban", dice Ramona, "íbamos con temor, pero miedo miedo, no, porque íbamos 19. La mayor parte del tiempo estuvimos encerrados".
Un par de camionetas de policías ministeriales las custodiaba las 24 horas del día. A donde se desplazara uno de ellos un ministerial iba a su lado. La frontera los intimidaba. Cuando salieron a la calle les pareció ver poca gente, como si tuvieran miedo a caminar sobre sus propias calles.
"Los ministeriales nos cuidaban día y noche", menciona y recuerda lo que le decían los elementos, "si van a ir al Oxxo, avísenos, porque pasando la calle los pueden matar".
Pero ellos iban decididos. Iban por sus hermanos, por sus hijos, por sus esposos y no pensaban regresar con las manos vacías; aunque así regresaron.
Era platicar del mismo dolor, comerse las mismas uñas, sentir el mismo temor.
Era cambiar tres veces de hotel buscando siempre el más económico, a pesar del apoyo que les dio Gobierno.
Era visitar la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas todos los días, exigir que los buscaran, que avanzaran en las investigaciones; presionar a la burocracia, platicar con elementos policiacos, con quien sea que ayudara con una pista, con una señal que los llevara al paradero de los nueve técnicos en comunicaciones.
Tras intensas peticiones lograron realizar un sobrevuelo en avioneta por Ciudad Victoria, al sur de Nuevo Laredo. No encontraron nada: ni personas ni vehículos.
"Se nos facilitó un avión para ir a buscarlos a Ciudad Victoria, pero estamos hablando de una altura de 700 metros. No se puede identificar ningún carro, menos personas", reclama José Manuel Ochoa Ahumada, padre de Julio César Ochoa Romo, pescador de un barco camaronero.
José Manuel no oculta desespero. No sabe a quién acudir, en quién confiar.
Mientras platica, su mirada parece perdida. No enfoca, no observa. Sólo mantiene lo ojos abiertos.
"Nos fuimos a Ciudad Victoria y ya veníamos en camino cuando nos dijeron que los de la AFI habían entrado a los cuartos de nosotros. Rentábamos cuatro cuartos. Pusimos una demanda ahí y ellos negaron que habían entrado: esto es desesperante", confiesa.
Tras insistir en Tamaulipas y sumergidos en el desespero, decidieron irse a la Ciudad de México a presionar a la SIEDO, a la PGR y a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Las primeras dos instituciones no les resolvieron; en la CNDH ni siquiera dejaron entrar a todos porque les dijeron: "estamos de vacaciones".
"No tenemos esperanza en la CNDH porque nos atendían en la puerta", reclama Amalia Armenta, esposa de Roberto Gutiérrez Medina e hija de Constantino García Jiménez.
La incredulidad de los familiares ha llegado a tal grado que piensan que el levantón pudo haber sido ejecutado por grupos del narcotráfico, por el propio Ejército o por policías federales.
El martes, el Gobierno de Sinaloa inició un proceso de petición de audiencia para que el Procurador Eduardo Medina-Mora atienda a los familiares.
Amalia ya no sabe qué pretexto inventar a sus hijos, les ha dicho de todo.
"Mi hijo me pregunta a diario: Mamá, ¿ya encontraste a mi papá?".
Y lanza el arrebato de incredulidad que la impotencia motiva. Lo duda todo.
"Para mí que las autoridades con las que estuvimos en Nuevo Laredo sí saben dónde están. Porque se les hizo la pregunta directa de que si ya habían buscado en Semefo y rápidamente nos contestaron: 'muertos no están'. Lo que nos dan a entender es que ellos sí saben dónde están pero no nos lo dicen".

DESAPARECIDOS
Nombre Edad
Marcelino Moreno Leal 33
Ricardo Peña Mejía 30
Carlos Peña Mejía 37
José Hugo Camacho Fierro 38
Víctor Romero *
Julio César Ochoa Romo 20
Constantino García Jiménez 46
Roberto Gutiérrez Medina 32
Eduardo Toyota Espinoza 43
* Edad no especificada

miércoles, 12 de agosto de 2009

'Olfatea´ Ejército narcolaboratorio


¿Usted tomaría un trago de sosa cáustica? Los adictos a las anfetaminas, también llamado crystal o foco, lo inhalan con gusto.
Es esa misma sosa que usan los padres para destapar la cañería del baño, y la misma que utilizan las mamás para quitar el sarro de la taza del escusado.
Los adictos al "foco" también ingieren fertilizantes como la urea, que se utiliza por su alto grado de nitrógeno en la agricultura. Otra función es producir adhesivos, plásticos, resinas, tintas, papel y metales.
Y lo ingieren porque son los químicos que se mezclan para producir el crystal, entre otros,como veneno para ratas.
Todos estos materiales tóxicos fueron encontrados ayer por fuerzas especiales del Ejército en el campo Las Puentes, Navolato.
Los soldados realizaban un recorrido por la zona en vehículo, cuando el olor de los químicos, ese tufo a amoniaco y sosa que se percibía a más de 10 metros de distancia, los hizo detenerse y revisar el lugar sin encontrar personas para cuestionar ni detener.
La casa se ubica en una orilla del poblado con viviendas habitadas a un costado y por detrás. A dos cuadras hay un centro de oración religioso.
"Se encontraron cinco botes con diferentes sustancias químicas, de los cuales un bote de 200 litros aproximadamente es de hidróxido de sodio (sosa cáustica); dos tambos de 200 litros de gas solvente; uno de etanol; y uno de anhídrido", informó uno de los militares sin revelar su identidad.
En el lugar encontraron 3 kilos de crystal elaborado y 30 en proceso.
El narcolaboratorio se encontraba en una construcción de block, sin enjarrar, con techo de lámina negra, sin piso firme y rodeado por una cerca de varas.
Para elaborar la droga, los delincuentes no utilizaron ningún elemento especial, simples enseres domésticos como con ollas grandes de peltre marca Cinsa, con las que "cocinaban" el crystal; un molino de maíz, que utilizaban para pulverizar los pedazos de producto; y un catre, en el que extendían las anfetaminas.
Además se encontraron palas de cocina, bolsas de cubos de hielo vacías para enfriar los químicos y objetos básicos de un laboratorio de química escolar, como matraces.

domingo, 2 de agosto de 2009

Adios, hola...


Adiós.
Le dije adiós a ese hermoso df contaminado, gris, nublado.
Perfectamente desordenado, congestionado, saturado por piernas flacas, rodillas pálidas, empujones y arrimones.
Fue el adiós a la nube de días triples, de glorias de 72 segundos, de depresiones de 72 horas, de sonrisas de 72 días.

Hola.
Le dije hola a ese precioso culiacán narcotizado, soleado, húmedo.
Perfectamente controlado, saturado de piernas hermosas que bajan de camionetas aún más hermosas para ellas.
Fue el hola a los días de 24 horas, de glorias de 72 horas, de depresiones y sonrisas de 72 personas.

martes, 28 de julio de 2009

Las 500 flores de Tamara


Marisol tomó una rosa blanca, la deshojó y la aventó sobre el ataúd de su hija, Tamara Guadalupe Cázarez Félix, de apenas 7 años.
La flor que aventó Marisol fue una de las 500 flores que llovieron sobre el cuerpo de la niña que falleció el sábado pasado a causa de una "bala perdida".
Su partida fue así, entre margaritas, lilis, rosas rosas, blancas, rojas y alcatraces. Todas se encuentran sobre ella. Todas impregnan su lugar.
Los que estuvieron con Marisol durante la misa y, después en el entierro, dicen que no lloró, que no se desahogó. Los que la vimos sin parpadeo en el panteón supimos que se tragó su dolor, que secó sus lágrimas antes de que brotaran.
Cuando la carroza entraba por el panteón de su colonia, la 21 de marzo, los albañiles ya preparaban la mezcla y colocaban las tablas y ladrillos que servirían como tapa del féretro.
Fueron cerca de 15 carros los que se hicieron presentes en el cortejo fúnebre. Cantidad similar al número de tíos de Tamara.
El apoyo se sintió de principio a fin.
Una muestra fue la de Alejandro Rivera, propietario y chofer de un camión ruta 21 de marzo que, sin conocer a la familia, fue a darles el pésame la noche del domingo. Ayer lunes por la mañana dejó la ruta, dejó el trabajo, dejó el ingreso, para trasladar sin costo al panteón a familiares de Tamara que no tenían en qué movilizarse. Cuando se retiró dijo que él también tenía hijos.
La mamá de Tamara, Marisol, soltó unos globos con leyendas de amor y dejó ir a su hija.
Los de la funeraria le permitieron, por unos pocos segundos, verla por última vez sin intermediarios. Sin el vidrio incrustado en la caja de madera.
Así fue el último adiós de Tamara, la niña de grandes pestañas, la niña que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado. La niña a la que le cayó una "bala perdida" disparada por un ser humano aún más perdido que la propia ojiva.

lunes, 27 de julio de 2009

Tamara, adiós al milagro


Los médicos tenían razón.
La "bala perdida" calibre .45 que encontraron dentro del cerebro de Tamara Guadalupe Cázarez Félix, de apenas 7 años, provocó un daño profundo. Irreversible. Le dio muerte cerebral y un corazón paralizado.
La presión de su músculo de bombeo fue disminuyendo poco a poco hasta que se detuvo. Se esfumó la esperanza del milagro.
Entonces apagaron el sistema de respiración artificial. Ya no tenía caso. Soportó 18 lunas sin ver ninguna. Sólo una vez movió sus piernas. Desde el sábado por la noche cerró sus ojos para no volverlos a abrir.
Yo vi a Tamara.
Ahí estaba ella: morena clara, nariz respingada, boca fina, alta para su edad.
A través del pequeño rectángulo de cristal incrustado en la caja de madera, sus pestañas parecían grandes. Grandes como la de una señorita que se prepara para la fiesta de graduación. Grandes como las pestañas que se estiran con cuchara.
Yo vi a Tamara.
Ahí estaba ella. Vestía de blanco. El color de la pureza. El de la inocencia. El de la paz. El de ella.
El mismo color que usó el 7 de julio, el día en que su asesino disparó esa maldita bala que cayó sobre su cabeza y que la mantuvo inconsciente hasta su muerte. Esa maldita bala que le quitó la vida, que no la dejó hacer el último baile de graduación en su primaria de la colonia 21 de Marzo.
Yo vi a Tamara.
Ahí estaba ella. Rodeada de coronas florales, velas, café y galletas. Cerca de familia y amigos con los ojos empequeñecidos y rojos. Con ceños que dicen que entienden pero no comprenden; que aceptan pero no asimilan.
A un costado, en un pequeño cuarto, su madre Marisol Cázarez Félix trata de encontrar tranquilidad tras 18 días de desesperación, de correr por medicinas, de hablar con los médicos, de rezar sin cansancio, de luchar contra el sueño, de esperar el milagro que no llega; de esperar el milagro que nunca llegó.
"Tengo fe en un milagro. Lo que yo no voy a perder es la fe. Es lo que más deseo en el mundo", dijo el 14 de julio.
Fueron 18 días de exprimirse el corazón, de soportar el dolor de estómago, de oler a alcohol, a gasas, a medicinas. De impregnarse de ese olor que sólo lo inyecta el hospital. De ese olor que nunca sana, que nos pone nerviosos, que nos trae recuerdos de enfermedad.
Fueron 18 días de leer su tragedia en la prensa, de apoyarse con sus 15 hermanos, de nutrirse de oraciones, de alimentarse de religiones. Y es que la historia de Tamara acarreó el apoyo de ricos y pobres, de hombres de negocios y vagabundos, de católicos y testigos de Jehová.
Estas oraciones, para su tío Rafael Cázarez Félix, fue lo que mantuvo viva a Tamara por tanto tiempo.
"Yo creo que por eso la niña estuvo aguantando. Le pedimos a Dios en todas las religiones: vinieron adventistas, testigos de Jehová, cristianos, católicos, borrachos, vagabundos. Venían de todos lados, agarramos la vibra de todos", mencionó ayer en la sala A-5 de la funeraria.
Fueron 18 días de, en voz alta, leerle a Tamara las cartas de sus compañeros de salón. De contarle experiencias recientes tratando de hacerla recordar: ¡Que despertara de la pausa!
"Compañeritos de la escuela vinieron, le entregaron cartas, nosotros las leíamos primero y luego se las leíamos a ella. Le decían de lo que jugaban en recreo, que la empujó el niño que le gustaba, cosas de ésas", recordó su tío.
También llegaron cartas escritas a puño y letra de madres que perdieron a su hijo por una enfermedad terminal, por algún cáncer.
"Le entrego esto", le decían algunos al tío Rafael y se iban. Le mandaron muestras de apoyo de Mazatlán, de Durango y hasta de Chihuahua.
Y esa solidaridad ha ayudado a la familia Cázarez a mitigar el dolor. Ese dolor tan fuerte que los mantuvo unidos como un cubo de hielo, ese dolor que no dio para buscar culpables, para exigir justicia.
Y a pesar del sufrimiento, la familia no se encuentra encolerizada, lucen resignados a vivir en un Sinaloa así como está, donde la gente dispara porque quiere y dispara porque puede.
Dispara porque se emborracha, dispara porque festeja, dispara porque tiene una arma y no hay quien se la quite, dispara porque las autoridades se desentienden de la responsabilidad del armamentismo con la palabra "coordinación".
Dispara, dispara, dispara, y dispara todo lo que quiere en Navidad y en Año Nuevo y cuando quiere y porque quiere, y dispara y dispara y vuelve a disparar, y si quiere se sienta, se baña, se toma una cerveza y vuelve a disparar y otra vez y otra vez.
Y en este entendimiento, en esta aceptación de los usos y costumbres del sinaloense, de una autoridad sin autoridad, al tío sólo le queda hacer una recomendación.
"Es muy difícil que la gente reflexione. Se toma la gente una cerveza y se le olvidan las cosas. Es imposible que la gente no tire porque siempre tira, lo que me gustaría es que tiren al suelo, que volteen la pistola al suelo, que volteen el rifle al suelo. Que tiren ahí. Va a tronar igual. En el suelo no le harán daño a nadie. Se van a dar el gusto y van a saber que no le van a dar a nadie".

domingo, 26 de julio de 2009

La amo con Alzheimer


En el mundo hay 20 millones de personas que padecen Alzheimer, 360 mil corresponden a México y 10 mil a Sinaloa, según datos de la Secretaría de Salud del estado.
Poca gente sabe de esta enfermedad, incluso, muchos de los familiares guardan en secreto el padecimiento. Pretextan cualquier cosa. En realidad les da vergüenza que se sepa que su padre o madre sufren demencia.
El siguiente es el caso de Prisciliano, un señor que no se apena de su esposa y, al contrario, la presume.


"Qué difícil ha sido este tiempo. Han pasado nuevos años desde que te dio esa rara enfermedad.
Recuerdo como si fuera ayer cuando el médico te mandó a hacer los estudios en el Seguro Social. Resultó lo que temía, tenías Alzheimer. Me tocó ver la imagen de tu cerebro completamente blanco; el doctor dijo que las neuronas se te estaban acabando.
El mal lo desconocía totalmente. Empecé a investigar por Internet y me volví un experto. Pedí información a España y a otros países. Así aprendí a cuidarte, a entenderte, a valorarte más, a resignarme. Así aprendí que esta cosa es una enfermedad degenerativa y que, con el paso del tiempo, empeorarías.
Cómo olvidar aquella vez que te llevé a Cancún. Apenas pisamos la arena cuando me preguntaste: ¿Dónde estamos? ¿Por qué me trajiste aquí? Regrésame. Te desesperaste. Te pusiste mal. Te expliqué una y otra vez que estábamos de vacaciones; quería que te calmaras.
No lo logré. Insististe en volver a Culiacán. No sé cómo le hice pero ese mismo día conseguí un vuelo de regreso. Aún desconozco de dónde saqué dinero pero no te podía ver así de desesperada. Me gasté lo que no tenía.
Así fueron nuestras últimas vacaciones.
Mientras te escribo esta carta me tiemblan y sudan las manos. Deseo que quede registrado lo que siento por ti.
Sé que no me reconoces, que para ti soy solamente tu cuidador. Que cuando te beso y te mimo no sabes que soy el mismo que te enamoró mientras estudiábamos en el Instituto Politécnico Nacional; el mismo que te llevó flores, chocolates y cartas de amor; el mismo que te pidió que me acompañaras a vivir en Culiacán y dejaras la Ciudad de México. Suena cursi, pero qué voy a hacer, así soy y lo sabes. ¿O lo sabías? Así es tu Prisci; tu Prisciliano Higuera López.
Soy ese cuidador que te baña, que te lleva a que hagas del uno y del dos, que te da de comer si necesitas, que te cambia de vestido y te extiende una cobija en las noches.
Y a pesar de todo esto, de tantos problemas, de tanto dolor, de tantos gastos y desaires, ¿sabes algo? Yo te amo. Te-a-mo. TE AMO con mayúsculas. Te amo con mis arrugas y mi flacidez. Te amo con mis 84 años a cuestas.
Para algunos es sorprendente; para mí es normal. Hasta nos comparan con la película Diario de una pasión. Te he de confesar que no la he visto, pero la buscaré en el videoclub.
La veré cuando volvamos del mar.
La última vez que fuimos te veías tan bonita. Poco a poco perdiste peso; ahora tienes figura de señorita. Ni quién creyera que tenemos cuatro hijos. A veces ni me la creo que ando contigo.
Me encanta verte chapotear, ponerte tu traje de baño y reclinar una silla para que disfrutemos juntos el atardecer.
Oye, suena el teléfono, luego termino la carta. Te quiero mucho.
Ya han pasado tres días desde que inicié este escrito y aún no lo termino. No sé, siento feo acabar la carta. Son tantas cosas que hemos pasado juntos. ¿Recuerdas que te dije que vería la película? Ya la vi y me encantó.
Resulta que en la cinta, un señor más o menos de mi edad le lee todos los días un diario a su esposa y con éste ella recuerda, aunque sea por unos momentos, que él es su marido. Ella, como tú, padece de Alzheimer.
No sabes cuánto me gustaría que esta carta funcionara como la de la película. Que aunque sea por unos minutos, incluso segundos, me reconocieras.
Es una fantasía, lo sé. Pero en verdad me gustaría.
Lo que no es ilusión es lo que siento por ti. Este amor incondicional que te quiere, que te cuida.
Lo que tampoco es una ilusión es tu padecimiento. Dicen que no tiene cura pero yo la encontré: Se llama amor".

domingo, 19 de julio de 2009

:!

Un sí a la Ética, un no a la Moral.